“Yo y I: Una Exploración de la Identidad Latina en Comunidades Fuera de Latinoamérica”

Mi corazón es zona neutral,

Pueblo fronterizo

Un águila que vuela en un país de estrellas

Pero cada día, las rayas de la bandera

Parecen más barras de una cárcel

Mi alma mestiza no tiene hogar

En la tierra que rechaza una mitad.

Soy moneda malograda

Peso de un lado, quarter del otro

¿Dónde valgo algo?

 

Este país enjaulado quiere

Que paredes de casa

Se conviertan en murallas guerreras

Dividiendo vecinos.

¿Pero los que quedamos en medio?

Nos romperán por la mitad.

A las zonas neutrales siempre las hacen pedazos

A mí nunca me tocó que me dijeron que aquí se habla inglés, que no hay espacio para otro idioma. Yo nací entre culturas, en las afueras de San Diego, tan cerca de Tijuana que los domingos cruzábamos la frontera para desayunar en Sanborns. Aunque en la escuela hablábamos inglés, entre nosotros, se hablaba en español; mis compañeros pasaban dos horas haciendo fila para llegar a la escuela, pasándole documentos al chofer de la camioneta para mostrárselos a un agente de inmigración.

Pero cuando regresaba a la ciudad de mis padres, las cosas cambiaban. Mis amigos se reían de vez en cuando, llamándonos a mi hermana y a mi “gringas” cuando jurábamos que éramos mexicanas. Esa palabra hería.

Gringa.

Como si no habláramos español. Gringa por ir a una escuela Americana aunque muchos de nuestros amigos en México iban a escuelas bilingües. Gringas por supuestamente celebrar el 4 de Julio aunque lo único que celebrábamos ese día era el cumpleaños de Pablo, fuegos artificiales, un espectáculo regalado por la cuidad. En vez de sentirme orgullosa en verano, me sentía más centrada en septiembre cuando nuestros amigos se juntaban a cocinar pozole, la tele en TV Azteca o cualquier canal que encontráramos en nuestro idioma, y gritábamos en vecindarios dormidos “VIVA MEXICO!”

Celebrando el Día de la Independencia de México en Buenos Aires
Celebrando el Día de la Independencia de México en Buenos Aires

Gringa por haber nacido del lado equivocado de la frontera.

No niego que soy de Estados Unidos en muchos aspectos. Uno no puede nacer en un país y educarse ahí por décadas y no adquirir parte de esa identidad pero no desplaza a la familiar; la complementa.  Pero mis amigos me negaban una de las mitades; esa usurpación de parte de mi ser me dejaba vacía, mutilada. Siempre me acababa preguntando que era ser mexicano. Y cuando mi familia se mudó a Argentina, dejando lágrimas en el avión como migajas de pan que dirigen a uno de regreso a casa, me empecé a preguntar que era ser Latino.

En mi escuela de Buenos Aires, era común encontrar a estudiantes que habían nacido en un país que no era patria de sus papás, se habían criado en otras tres naciones, y seguían con la vida. ¿Cómo se identificaban?

banderas
Muchos de nosotros en Argentina nos identificábamos con más de una de las banderas en nuestra graduación.

Fue fácil encontrar la respuesta en esa burbuja globalizada conocida como la escuela internacional: nuestra identidad la definíamos nosotros. En algunas situaciones oía a un amigo decir que era de Estados Unidos pero cuando hablaba de su niñez, hablaba de Venezuela, de Paraguay. Sus experiencias eran más Latinas; se le notaba más la felicidad cuando escuchaba música y chistes en español.

Todos nosotros de zonas fronterizas, reales o mentales creadas por viajes constantes, no nos atrevíamos a quitarle esa identidad al otro.

Peruanos enseñando parte de su cultura en International Day en nuestra escuela en Buenos Aires.
Peruanos enseñando parte de su cultura en International Day en nuestra escuela en Buenos Aires.

En esos años, finalmente pude empezar a responder esa pregunta que me daba vueltas y pude ir sanando la herida que me habían dejado comentarios del pasado. Ser Latino podría relacionarse con el idioma, pero en Latinoamérica, no nada más se habla el español; hay cientos de idiomas indígenas en nuestros países y alguien de algún pueblo que habla Náhuatl o Mixteco no es menos mexicano, ni un Toba menos argentino por no poder navegar fácilmente el español traído de España y que ha evolucionado en forma diferente en cada región.

Podría ser ubicación. Sin embargo, mi primo que estudia en Canadá o mis papás que ahora han vivido más tiempo fuera de México que en él no se les quita la identidad de mexicano.

No podría ser de sangre porque nuestros países han atraído inmigrantes de todas partes del mundo y aunque haya grupos que solo se casan entre sí, se ven como latinos después de un tiempo. Me dolía cuando decían que no era mexicana por no poder aguantar el picor de los chiles, como si la gente del sur de México cerca de la frontera con Guatemala también fuera más gringa por lo mismo. Los valores tampoco hacen a un latinoamericano; cambian de país en país, de época en época; nosotros los latinoamericanos creamos las cualidades que queremos, no viceversa.

Mi hermana y yo con símbolos de nuestras identidades.
Mi hermana y yo con símbolos de nuestras identidades.

Uno se convierte en una identidad por su relación con ese país, con esa cultura. A nosotros en zonas donde otro país conoce a Latinoamérica nos han obsequiado una gran oportunidad; podemos explorar nuestra identidad Latina con estructura de nuestra patria o podemos verlo del lado de nuestro nuevo hogar. Haber nacido en otro país, vivido en otro país, no nos previene de visitar lugares como Tequisquiapan en los veranos, viajar por los Andes, recorrer otros países.

Y sí, habrá gente que nunca regrese a su país natal por razones fuera de su control pero ellos también siguen siendo parte de nuestra identidad. Mantienen esos lazos con costumbres, con el idioma, con la necesidad de saber más sobre el pasado de sus papás o sus abuelos, de sus ancestros. Lo mantienen con el puro hecho de orgullosamente decir “Soy Latino.”

Ser latino es ser persistente, seguir adelante cuando el mundo nos empuja. Es ese sentimiento de comunidad, de romper barreras para unirnos, para avanzar, mejorar, querernos más uno al otro. Ser Latino es el dar la mano a un vecino, un hombro al que no alcanza los frutos en estos períodos prósperos. Es darle voz al que necesita ayuda.

Cuando uno lo ve así, nosotros, nacidos en otras regiones pero hijos de Latinos, formamos otra cara de esa identidad. En vez de rechazarnos uno al otro como se hacía en el pasado, es hora que nos veamos la cara y nos demos la bienvenida.

Ana-Sofia Alcaraz is a second year student in the MALAS program at Georgetown with an emphasis on Human Rights. She loves traveling, literature, and the impact writing can have on social awareness.

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