Conversando con Iván Márquez: el proceso de paz y reconciliación en Colombia

Durante una hora y cuarenta minutos, junto a mis compañeros de clases tuve la oportunidad de conversar vía Skype  con los negociadores de las Farc en la Habana. Sonriente, con la confianza que emana del que sabe que el final de una guerra de más de 50 años se acerca, estuvo todo el tiempo Iván Márquez, principal negociador de este grupo guerrillero. Llegue retrasada. Expectante. Nunca antes había tenido tan cerca, con la cercanía y la lejanía que da un telón de proyección y una conexión a internet, a alguien de las Farc. En verdad, nunca había pensado siquiera que tendría la oportunidad de preguntarles algo. El lenguaje de la guerra había quedado plasmado en mi mente a través de combates, muertes, secuestros y  pescas milagrosas. No estaba segura que podía haber otro, porque el yo conocía lo había visto expresarse desde la barrera, con la edición de Caracol y RCN.

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Iván Márquez of the Revolutionary Armed Forces of Colombia, having a conversation with Georgetown students via Skype 

Desde La Habana, la bandera de Colombia, le servía de telón de fondo a Márquez. Ahí estaba el tricolor con su amarillo de riqueza, el azul de los ríos y océanos, y el rojo de la sangre vertida imponiéndose sobre nuestro pasado y presente. Aunque no tiene que serlo sobre nuestro futuro.  El escenario no podía ser más acorde para Iván Márquez, quien nació como Luciano Marín. El jefe negociador de las Farc en varias ocasiones se refirió a su compromiso por acabar con el derramamiento de sangre que ha teñido de rojo no solo el suelo, sino también los ríos y las riquezas del país.

Con las Farc se habló de todo. De su visita a La Guajira, de la pedagogía para la Paz,  de justicia transicional, narcotráfico, de las víctimas, de las victimas afrocolombianas. De todo.

Este encuentro entre las Farc y una universidad ‘gringa’ por supuesto levantó ampollas en algunos sectores en Colombia ¿Por qué Georgetown escucha a Iván Márquez? Fue uno de los titulares que leí en un medio de comunicación nacional. Hace un mes vino Santos a Washington D.C y lo escuchamos, también vino el ex presidente Uribe y se le escuchó (antes estuvo también como profesor pagado por la Universidad y salió de manera desafortunada en medio de protestas de estudiantes y profesores). Entonces, ¿por qué ahora no conversar con Márquez? ¿Acaso escuchar la contraparte no es fundamental para resolver los conflictos? Me pregunté. ¿Para qué se sientan los opositores en una mesa a negociar si no es para fortalecer la democracia? ¿Cómo se puede hablar de democracia si no estamos dispuestos abrir espacios para que el otro se exprese?

Cuando decidieron sentarse en la mesa, las partes se convirtieron en iguales. Yo no estaba ahí para juzgar, sino para escuchar y entender para luego tener herramientas y proponer.

Para cuando me uní a la conversación,  Márquez hablaba sobre el proceso que seguirá después de firmar el acuerdo. 15 días tendría el Congreso para aprobar lo acordado, después de lo cual el Presidente convocaría un plebiscito para que los colombianos salgamos y ratifiquemos o rechacemos lo firmado. Pero, las Farc se inclinan por convocar una Asamblea Constituyente, que se reuniría en 2017. Esperan conformar un bloque de constitucionalidad para según ellos modernizar las instituciones y poder materializar los acuerdos. Es además el mecanismo que mayor seguridad les da. No quieren correr el riesgo que en cuatro años venga otro mandatario, y tal vez  deshaga lo pactado.

Cuando llegó mi turno de preguntar, aproveché que nuestra cámara estaba apagada y por esos temores que tardan en irse, evité identificarme. En cambio, lo saludé y esperé que la tecnología me devolviera su respuesta. Yo sabía lo que iba a preguntar,  si ellos me hubieran visto también lo habrían imaginado: ¿Por qué las victimas afrocolombianas no están en la mesa de negociación? ¿Qué se va hacer para que los intereses de este grupo poblacional queden bien representados en los acuerdos que están por firmarse sobre todo si se tiene en cuenta que la implementación de los acuerdos tendrá una cobertura significativa en nuestros territorios?

Márquez habló. Primero de cómo la población afro ha sido históricamente maltratada. Se remontó a la trata esclavista, a la colonia y prosiguió con la necesidad de saldar con creces esas deudas. Con cierto paternalismo, y cito textualmente afirmó: “le queremos dar la posibilidad de organizarse, de gestionar sus recursos y que la paz les llegué convertida en agua, en educación, en posibilidades nuevas, conectividad y asesoría técnica. Esa es la disposición”. No creo que nosotros, los afros, necesitemos a las Farc como mediadores ni salvadores.

Dijo que desde La Habana, han querido escuchar a todo el mundo y que incluso llevaron a la mesa en forma de propuestas mínimas, las opiniones que surgieron de los foros organizados por la Universidad Nacional y las Naciones Unidas con victimas afrocolombianas e indígenas.

-“No todas las voces se escuchan bien”, expresó Márquez “y el gobierno ha estado cerrado y no ha permitido un intercambio como quisiéramos”. Por eso, antes de que se firme el acuerdo final, una comisión de victimas afros e indígenas muy seguramente viajaría a La Habana a reunirse con el grupo guerrillero.

Lo cierto es que el Gobierno ha dicho que las discusiones no involucran los derechos de los grupos étnicos porque ya están garantizados en la Constitución, y que sería hasta la fase de implementación donde se garantizará la participación de todos los sectores. Un proceso así sin escuchar las voces ni incorporar las propuestas de un sector poblacional, que representan más del 30% de las víctimas, es un proceso cojo.

La propuesta de las Farc, es que entonces esta participación, inclusión y garantía de derechos para los afros e indígenas quedé enmarcada en las jurisdicciones especiales, y en estas zonas que tendrían formas más fáciles de representación. Ante una eventual convocatoria para la asamblea constituyente, bajo esta figura se haría posible que mas sectores puedan participar y diversas voces ser oídas.

Después de firmado el acuerdo, hay que hacerse a la idea de ver a las Farc recorriendo el País, haciendo lo que ellos llaman pedagogía para la Paz. Lo de La Guajira que indignó a tantos, es solo el principio. Su apuesta es abrir espacios de representación política, para ellos y colateralmente para otros.

En la Habana dicen sentirse maniatados: “El gobierno ha hecho su despliegue y nosotros no somos partes iguales, y debemos tener las mismas oportunidades para expresar nuestros puntos de vista. Hablar directamente ante los gobiernos y organizaciones para exponer nuestra visión de paz” afirmó Márquez.

Van a hacer política. Entendieron que nada va a cambiar a punta de balas, y aunque suene a cliché, en lo personal prefiero verlos en el congreso redactando leyes y no en el monte, sembrando minas antipersonales. No me volví su defensora por escucharlos. No soy aliada ni la de guerrilla ni del presidente Santos. Pero tampoco de la guerra ni de sus horrores.

Por eso a las Farc hay que darles garantías, la garantía de seguridad que piden. Esa misma que irónicamente nos quitaron a muchos colombianos. La misma que no tuvieron los miembros de la Unión Patriótica, en su gran mayoría asesinados. No es un tema de impunidad versus justicia. No es un tema de X años de cárceles versus cero, como alguien me dijo. Ni cien años de cárcel van a ser suficientes para sanar las heridas tan profundas que este conflicto de más de 50 años ha dejado en el país. Pero, podemos comenzar ahora, perdonando a los victimarios y reparando a las víctimas. No puede haber postconflicto con guerra sucia, ni reconciliación con espacios vedados, ni paz con mentes armadas.

Márquez dice que van aportar verdad, verdad exhaustiva, verdad en detalle. Por eso, la jurisdicción especial para la paz, no estará basada en la justicia punitiva, que no redime, ni da la posibilidad de reconciliar. “Abrazamos la justicia restauradora (restaurativa) para relacionarnos y trabajar con las víctimas del conflicto, y cumplir las sanciones que tienen que ver con la materialización de los acuerdos que suscribimos, por ejemplo trabajaremos con los militares en las provincias para desminar los campos” dijo Márquez.

Por su discurso, las Farc se ven como promotores de paz en la humanidad. Quienes un día empuñaron armas, lanzaron granadas y cilindros bombas, quieran pasar al otro lado de la página. Ellos dicen que tienen batallones de ingenieros y que están en capacidad de construir puentes, carreteras, escuelas.

Pero, esa no es su responsabilidad, no lo tienen que hacer ellos. Lo que pasa es que en Colombia, donde no llegó el Estado, llegó la guerra. Al olvido y al abandono se sobrepusieron las armas. Una verdadera búsqueda de la paz tendría que también volverse sobre eso. Tendrán que abrirse los espacios para reflexionar sobre los orígenes de esta confrontación fratricida. Sus causas y catalizadores.

De acuerdo, con el Centro Nacional de Memoria Histórica, entre 1999 y  2005 se dispararon todas las modalidades de violencia, y la Guerra en Colombia alcanzó su mayor nivel de degradación. Masacres, combates, asesinatos selectivos, desapariciones forzadas, tortura, secuestro, violencia sexual, desaparición completa de cuerpos, reclutamiento infantil estuvieron a la orden del día. Nosotros lo hemos visto todo. Lo que no hemos visto nunca es un país sin guerra y eso como es natural nos asusta. Y con miedo, o te paralizas y te estancas o te mueves y lo superas.

La mía si se quiere es una visión romántica, idealista. Chocante con la de aquellos que se han abrogado el derecho de condenar al país a dos, cinco, diez, veinte años mas de guerra, porque encuentran que estos acuerdos son muy laxos, que las guerrillas son unos criminales que deben ser derrotados militarmente, que no pueden legislar y menos andar por ahí en las calles. En este momento hay gente cruzando los dedos para que este proceso de paz fracase. Hay gente sentada en la comodidad de su casa en el norte de Medellín, deseando que allá en el monte los  ‘héroes de la patria’ sigan disparando ráfagas que impacten fatalmente en la humanidad del enemigo, del combatiente, del otro colombiano. Eso es desesperanzador.

Cuando vino el Presidente Santos a Estados Unidos para celebrar los 15 años del Plan Colombia, ahora Plan Paz Colombia, escribí que me quedaba claro que fueron unos diálogos entre el gobierno y las Farc, y que lo que se firmaría en La Habana era el fin del conflicto. Lo cual es bastante y sin duda histórico. Es un país tan dividido, tan racista, tan clasista, tan desigual, tan herido como en el que hemos vivido, la Paz nos va tocar construirla entre todos. Los acuerdos ayudan, pero lo que sigue deberá ser una apuesta de todos, para retomar la agenda de país que ha estado postergada por años, para enfrentar otros problemas de vieja data (corrupción, desigualdad), para transformar el conflicto en diálogo.

El verdadero reto viene ahora, con el trabajo que desde las regiones estemos en capacidad y queramos hacer. Para eso nos va a tocar abrir la mente y el corazón. Desescalar el lenguaje, dejar de dividirnos entre buenos y malos, y más bien reunirnos para proponer alternativas concretas que nos permitan construir una paz duradera. Nos va a tocar también salir y movilizarnos y presionar por verdaderas reformas al sistema político, económico, educativo, agrícola, de salud, penitenciario y policial. Esta paz no puede quedar ni en el papel ni en la mera foto. No lo veo fácil, no depende ni las Farc ni del gobierno, no termina el 23 de marzo. Ese día, apenas comienza.

Kandya Obezo is a first year in the Master’s of Latin American Studies (MALAS) at Georgetown University concentrating in Human Rights, Conflict Resolution and Post-conflict Development. She is also on the staff of Transformaciones as a Social Media Editor.

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