Cuestiones de género en la Revolución Ciudadana

Cuando se piensa acerca de la historia del Ecuador, resulta inevitable referirse a un sinnúmero de mujeres  que han contribuido con sus luchas sociales a un Ecuador más justo. Los ejemplos abundan, desde Matilde Hidalgo de Prócel, la primera mujer en demandar su derecho al voto cuando este era un derecho solo concedido a los hombres, hasta Tránsito Amagüaña, activista y líder del movimiento indígena ecuatoriano, y uno de los referentes feministas del país. Sin embargo, es evidente que la sociedad ecuatoriana (y latinoamericana) aun tiene un largo camino que recorrer en cuestión de equidad de género, especialmente cuando las opciones sugeridas en el buscador de Google cuando introduzco las palabras mujeres y Ecuador son “fotos de mujeres”, “mujeres asesinadas”, “mujeres buscando hombres” y “mujeres solteras”. Tal parece que la sociedad ecuatoriana sigue otorgando más valor a las mujeres como objeto de deseo sexual, desvalorizando así su contribución intelectual y económica al bienestar del país.

La vulneración a los derechos de las mujeres no solamente se ve reflejada en búsquedas en Internet, sino también en la forma en la que la política ha sido manejada en el Ecuador durante los últimos siete años de la autodenominada “Revolución Ciudadana”, un movimiento que ha pretendido cambiar la historia del país y empoderar a aquellas personas que históricamente han carecido de voz y poder política. Y al final son precisamente esos grupos, entre ellos las mujeres, quienes han recibido la peor parte de la Revolución, muchas veces directamente de su máximo exponente, el Presidente Rafael Correa.

No es difícil imaginarse que el machismo, así como muchos otros modos de pensar y vivir se construyen en nuestras sociedades de manera performativa. Judith Butler, una de las teóricas más importantes de las últimas décadas en materia de género nos explica claramente que la construcción debe ser entendida como un proceso de materialización que a través del tiempo produce un efecto de límites, fijeza y superficie a lo que llamamos materia (Cuerpos que Importan, 1993). La reiteración de ciertas formas de entender el mundo se materializan a través del establecimiento de normas y expectativas de comportamiento, las cuales normalizan y naturalizan dichas formas de pensar y actuar.

El machismo en Ecuador no actúa de manera diferente. Sin duda, el Presidente ejerce una gran influencia en la agenda política del país, tanto en cuestiones de género, como en otros temas. El hecho de que un personaje de tal calibre se refiera a sus compañeras de administración resaltando sus características físicas en lugar de intelectuales tiene un impacto significativo en la forma en que las mismas son concebidas en la sociedad.  En los últimos años han abundado reiteraciones de este tipo por parte del Presidente, especialmente en las “sabatinas”, un especio supuestamente destinado a la información y rendición de cuentas de las labores del Estado.

En este sentido, uno de los momentos más memorables para la Revolución Ciudadana ha sido el 31 de diciembre de 2011, cuando Correa se refirió a las mujeres en la Asamblea Nacional diciendo que “no sé si la equidad de género mejora la democracia, lo que sí es seguro es que ha mejorado la farra impresionantemente. ¡Qué asambleístas que tenemos, guapísimas! Corcho, hay que aumentarles el sueldo porque no tuvieron suficiente plata para comprar suficiente tela… Y todas una minifalda, ¡dios mío! Yo ni me fijo en estas cosas… Me contaban, me contaban… Pero, unas piernas y unas minifaldas impresionantes. ¡Guapísimas, las asambleístas!”. Estas declaraciones causaron gran polémica y provocaron fuertes respuestas de las aludidas, pero es importante resaltar que no han sido las únicas. En el año 2014, Correa se refirió a los mercados financieros como una “chica poco vanidosa que si uno muestra mucho interés es más difícil de llegar a ella. Cuánto más interés muestra el chico, ella más que no. Cuando se deja el interés, pues igual es ella la que llama al chico”; reforzando de esta manera estereotipos de género.
Las contradicciones abundan. El año anterior a dicha comparación aclaró que no trata de imponer estereotipos, sin embargo, argumentó que el feminismo es una barbaridad que van en contras de las leyes naturales y destruye a la familia y defendió su oposición al aborto como una cuestión de moral. Mientras tanto, muchos nos preguntamos si es que es posible que el poder de dictar tanto lo que es moral, como lo que es natural puede recaer en un solo individuo. Si bien el señor presidente prefiere “la mujer que parece mujer” y cree que “las mujeres prefieren los hombres que parecen hombres”, hay muchas otras personas que no tienen sus mismas preferencias y de acuerdo con la Constitución que nació de sus propias propuestas, tienen el derecho a no ser discriminados en ninguna forma y representados por el Estado.

Como consecuencia, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres siguen siendo vulnerados día a día en el Ecuador y cualquier propuesta de ley para cambiar dicha situación se resuelve con alguna amenaza de renuncia a la presidencia. De la misma manera, la educación pública continúa promoviendo prácticas irrealistas y obsoletas, donde estereotipos de género se siguen normalizando día a día a través de informes que califican al género como “un invento de la peligrosa ideología de género y está comprobado que en las sociedades en las que no hay esta influencia contranatura no se dan estas divergencias entre sexo y género” y con campañas como la de EducaTV con contenido altamente discriminatorio en cuestión de VIH (por lo cuál ha pedido disculpas públicas y se sigue un proceso legal).

Si bien estos y muchos otros episodios muestra evidencia del estado de la equidad de género en el Ecuador, es importante resaltar avances como el hecho de que el feminicidio haya sido reconocido por primera vez como tal en el último Código Integral Penal, y la aprobación del reemplazo de la palabra sexo por género en la cédula de identidad, siento esta última iniciativa sometida a un veto parcial por parte del poder ejecutivo.

Es así como en Ecuador, no son solamente las mujeres quienes han sufrido constante discriminación por parte del Ejecutivo, sino también otros grupos que se encuentra en los distintos espectros de género. Está en nuestras manos, como ecuatorianos, como latinoamericanos y como ciudadanos del mundo, impedir que este tipo de ideologías se sigan reproduciendo y normalizando. Una revolución no puede llamarse tal sin defender los derechos de aquellos que tradicionalmente han carecido de una voz, y es eso justamente lo que la Revolución Ciudadana ha hecho los últimos años en materia de género.

Cristina Quijano es una estudiante de tercer año de Relaciones Internacionales y Ciencia Política en la Universidad San Francisco de Quito, con especialización en Filosofía y es estudiante de intercambio en Georgetown University. Le apasionan los temas de seguridad internacional y cultura política.

Source for image: La Revista Vision:  http://larevistavision.com/centro/wp-content/uploads/2015/06/correa-2-copia.jpg
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